La digitalización es un aspecto que afecta transversalmente a la sociedad y que no es exclusiva de las compañías, sino que también toca de cerca en el día a día a los individuos y a sus hogares. Sin embargo, en ningún otro lugar es tan apremiante y beneficiosa su adopción como en las empresas. Fundamentalmente, en la industria de nuestro tiempo.

En el caso español, la industrialización está viviendo un momento muy vivo hoy en día, debido sobre todo a que los dos factores que hicieron que se viera parada hace una década, ya no están presentes. Estos fueron, por una parte, la irrupción de la crisis económica, que llevó a las empresas a tener que aparcar las inversiones en las mejoras tecnológicas y, por otra, a que muchas de ellas se vieron obligadas a poner el foco en la necesaria internacionalización de sus negocios, como alternativa a un mercado interior claramente debilitado.

Así, alrededor de un 70 por ciento de las empresas industriales españolas cuenta todavía, a día de hoy, con un grado de digitalización insuficiente. Al mismo tiempo, solamente un 5 por ciento puede presumir de haber realizado la tarea de digitalizarse plenamente.

La revolución que ha supuesto la llegada de la Industria 4.0, ha convertido al sector industrial en uno de los que mayor exposición está teniendo a los cambios que está produciendo la digitalización; el proceso que mejor permite llevar a cabo la tan necesaria innovación. Y a pesar del peso que ha tenido el tiempo de la crisis en la progresiva implantación de la digitalización, durante los últimos años se observa un vuelco notable en la tendencia. Son muchas las compañías que han comenzado con pequeñas implantaciones, pero también con otras que están apostando por proyectos ambiciosos de digitalización integral.

La digitalización industrial

A diferencia de lo que sucede con otros cambios, la digitalización de la industria no es algo opcional. Más bien se trata ya de una necesidad para las empresas del sector. Asimismo, debe quedar claro que no se trata solamente de la implantación de tecnología, va mucho más allá. Tanto que la tecnología no deja de ser la herramienta que facilita transformar los modelos de negocio de la industria. Lo que implica la digitalización industrial tiene que ver con un cambio de una mayor profundidad, el que afecta a la cultura empresarial.

Y de aquí surge un reto al que tienen que enfrentarse las organizaciones: la resistencia al cambio. Un freno inherente en el ser humano y que debe ser diluido en todos los niveles de la compañía. Sobre todo, mediante la adecuada divulgación de un mensaje tan cierto como fundamental: las personas continúan siendo imprescindibles en la organización.

El imprescindible cambio de mentalidad en las empresas debe confluir en la adopción de sistemas de información y la digitalización de los procesos industriales. En este sentido, la digitalización de la industria se ha de ver impulsada por la información digital, la automatización de los procesos, la producción inteligente y el cliente conectado.

Los beneficios de la digitalización

La empresa industrial digitalizada permite conseguir hitos novedosos. Estos sirven no solo para aportar valor añadido a la compañía, sino también para poder competir a la altura de una competencia que ya ha dado previamente ese paso y que se está haciendo con una parte mayor del mercado. De esta manera, entre los beneficios que supone la digitalización pueden destacarse los siguientes.

  • Una mayor y continua capacidad de adaptación a las distintas demandas del mercado
  • La inclusión de nuevos servicios vinculados a los productos
  • La proyección, elaboración y venta de los productos en menos tiempo
  • La oferta de un servicio postventa a medida para cada cliente
  • Una mejor personalización de los servicios para el cliente
  • Una elaboración de series de productos más rentables y reducidas
  • El uso de la multicanalidad para analizar cualquier tipo de información en tiempo real

 

Oficinas centrales
Oficinas Levante
Oficinas USA
Suscríbete a nuestro boletín
Síganos
Ir arriba