Como planteamiento de inicio se puede afirmar sin temor a equivocarse que la digitalización mejora los costes, el tiempo y la reducción de errores. Un ejemplo muy sencillo pero que cambia el día a día de una compañía productiva es cómo la digitalización permite eliminar el papel en cualquier tramo de los procesos que tienen lugar. Así, se reducen los costes, se eliminan errores, se da un mejor servicio y se trabaja más rápido.

Otro detalle en el que influye claramente es el de la automatización de procesos. Se necesita menos personal para el trabajo rutinario. De esta manera se consigue que los empleados puedan dedicarse a generar más valor y a sentirse más satisfechos personal y profesionalmente.

Un tercer punto es el de la eficiencia. La integración de la información, que todo el mundo trabaje contra repositorios únicos de información hace que mejore la calidad del dato. Además hace que no se produzcan discusiones sobre el origen de la información. Un aspecto que lleva a que la organización se enfoque más en el debate del contenido del negocio y no sobre si la información es o no correcta.

Además, como es lógico, hay que señalar la parte que tiene que ver con la mejora de los ingresos y la cuenta de resultados. La digitalización no es un asunto que tenga que ver solamente con la tecnología. Se centra también en otros movimientos que ocurren en paralelo: poner al cliente en el centro y generar oportunidades de negocio.

En una clásica organización industrial lo relevante es el proceso y el cliente está al final, como un consumidor del resultado de ese proceso. Pero con todo el movimiento que generan la transformación digital y la digitalización, lo que ocurre es que se consigue reposicionar al cliente y ponerlo en el centro de toda la compañía. Y eso hace que desde la innovación se consideren las necesidades del cliente, que desde el proceso productivo se considere cómo va a ser la usabilidad. Que desde la relación comercial no se trate exclusivamente de realizar transacciones y facturar, sino de construir una relación con el cliente y analizar sus datos. A partir de los datos se cierra el círculo. Se consigue comprende mejor lo que necesita el cliente y se está capacitado para adelantarse a sus necesidades. En todo esto, la digitalización facilita procesos que antes eran imposibles de imaginar.

Acuerdo comercial

La irrupción de la digitalización en la empresa industrial facilita pasar de ser una compañía que vende un producto y pierde la trazabilidad del cliente –y que se dedica cíclicamente cada mes a intentar hacer las ventas–, a ser una empresa que gestiona clientes y que a través de esa gestión continuada, cultiva las relaciones y vende al cliente aquello que este vaya necesitando. Tanto productos y servicios que la compañía ya tenga en su catálogo, como otros que vaya a necesitar el cliente en el futuro y que habrá que adelantarse para tenerlos preparados para ofertar cuando llegue la necesidad real.

Por tanto, se trata de extraer el máximo provecho de la tecnología proveniente del proceso de digitalización y de la nueva manera de relacionarse con el cliente. Así, se consigue llegar a extremos inalcanzables hasta entonces y que redundan siempre en un aumento de las ventas, de los ingresos, de los beneficios y una mejora –posiblemente difícil de cuantificar, pero no de evidenciar– en la relación con los clientes.

Curiosamente, la digitalización en la empresa industrial permite que multitud de procesos que antes dependían directamente de la atención constante de los trabajadores, ahora libere a estos de esas tareas y puedan dedicarse durante más tiempo y de manera sosegada, a conocer al cliente y sus necesidades en profundidad. Es como si gracias a los beneficios de la digitalización se recuperara el viejo oficio del vendedor, que tan de cerca conocía a sus clientes, a los que dedicaba de manera personalizada sus mejores recursos.

Por último, la digitalización también tiene que ver con negocios que aparecen por la cristalización de tecnologías de las que se venía hablando pero que van a tener un enorme impacto; fundamentalmente, la Inteligencia Artificial. Una IA que es capaz de tomar decisiones por las personas y con mucho más éxito. Esto, seguramente hará que en el medio plazo, las organizaciones se tengan que replantear el rol de un manager, que es quien hasta la fecha toma las decisiones que pronto tomará la IA.

En cuanto al retorno de la inversión y la digitalización, cabe señalar que ofrecer una medida del mismo como tal no es sencillo. En ocasiones hay que apostar por esta última. Permite que se invierta y redunde en una mayor ganancia, mientras que en otras ocasiones, no se trata de una elección, sino que de no apostar por la digitalización, la tozuda realidad de los acontecimientos lleva a la organización a la desaparición. Por lo que en esos casos el retorno no es tanto económico sino una cuestión de supervivencia. Y esta diferenciación es la que tiene que plantearse la propia empresa industrial. En qué situación de las dos se encuentra cada compañía, en una que apunte a la evidente conveniencia de la apuesta por la digitalización o en otra que no deje otra posibilidad que invertir sí o sí en ella.

 

Oficinas centrales
Oficinas Levante
Oficinas USA
Suscríbete a nuestro boletín
Síganos
Ir arriba