La industria de los semiconductores está en el centro de los problemas geopolíticos y económicos globales. La invasión rusa en Ucrania obviamente tiene fuertes impactos en un sector que ya está bajo presión. China, Taiwán y Estados Unidos también juegan un papel central en la geopolítica de los chips.

Un mercado de cientos de miles de millones de dólares

El mercado global de semiconductores tenía un valor de 442 mil millones de dólares en 2020 y se esperaba un crecimiento potencial para el año pasado de alrededor del 9%.

La demanda mundial depende de la reducción de la oferta y son un puñado de empresas las que poseen el know-how de los semiconductores. El gigante taiwanés TSMC es el líder y produce más del 50% de los semiconductores de todo el mundo. Los cinco principales países productores de semiconductores son Taiwán, Corea del Sur, Japón, China y Estados Unidos.

En Europa, los dos principales productores de semiconductores son la alemana Infineon y la franco-italiana STMicroelectronics. Pero Europa solo ocupa la sexta posición con menos del 10% de la producción mundial. Este diferencial tecnológico genera una enorme dependencia europea de Asia.

Una gran carrera tecnológica

Los gigantes mundiales de los semiconductores se han embarcado en una carrera tecnológica para reducir al máximo la delgadez de los chips, lo que permite, a igual superficie, tener circuitos más potentes y emitiendo menos calor.

TSMC ya posee más del 85% de la producción mundial de semiconductores de menos de 7 nanómetros. Además, la empresa taiwanesa está ya fabricando chips cuya delgadez varía entre los 3 nm y los 4 nm y trabaja en la implementación de semiconductores por debajo de los 2 nm.

Al mismo tiempo, la estadounidense Intel afirma que pondrá en producción sus primeros chips de 7 nm para 2023 y Samsung también puede producir semiconductores de 7 nm.

La escasez de semiconductores y sus impactos

La falta de semiconductores se explica por un lado por los problemas logísticos que ha provocado la pandemia. De ahí la ralentización de las nuevas líneas de producción que fuertes inversiones habían permitido implantar. A esto le siguió una caída de la oferta, tras la caída de la producción.

Por otro lado, la demanda de herramientas digitales ha aumentado significativamente para potenciar las últimas tarjetas gráficas, procesadores y otras consolas. El despliegue paulatino del 5G, la extensión del teletrabajo y la formación a distancia han supuesto un aumento de las ventas de ordenadores. La demanda también está impulsada por la Inteligencia Artificial y el sector automotriz. Por último, el repunte económico chino, cuyos semiconductores representaron el mayor presupuesto de importación en 2020 por delante del petróleo, acentuó esta demanda global.

Esta escasez es multisectorial y tiene un fuerte impacto en la economía global, debido a la centralidad de la digitalización en la actualidad. La escasez provoca sistemáticamente retrasos en la producción. Altamente dependiente de los semiconductores, el sector automotriz se ve particularmente afectado. Así, se entiende la caída en la producción automovilística en 2021.

Un sector también afectado por la inflación

Además, la inflación se está generalizando y ha alcanzado niveles récord que no se veían desde hace varias décadas. Algo que también afecta a la industria de los semiconductores. La escasez naturalmente hace que los precios suban. A esto se suman los costes crecientes de las materias primas necesarias para los procesos productivos. Los costes de los fletes, dada la crisis sanitaria, también han aumentado significativamente, lo que ha impactado en el precio de venta de los chips. Los fabricantes de semiconductores transmiten naturalmente esta inflación a sus clientes, con incrementos en los precios de venta entre el 10% y el 20%.

Un brazo robótico sostiene un chip tras su fabricación

Geopolítica de chips

China es el mayor consumidor mundial de semiconductores, por lo que los chips electrónicos representan el eslabón débil de su comercio exterior, lo que provoca importantes correcciones en su balanza comercial.

El retraso tecnológico corre el riesgo de agravar la ya muy tensa situación geopolítica entre China y Taiwán. El presidente chino, Xi Jinping, nunca ha ocultado su deseo de anexionar la isla vecina a China, lo que, entre otras cosas, permitiría aumentar su capacidad de producción de semiconductores hasta alcanzar el 40% del mercado mundial. Por otro lado, acabaría con el retraso tecnológico chino respecto a Taiwán, de la que TSMC es una de las joyas industriales.

Para contrarrestar las desastrosas consecuencias económicas y políticas que supondría la anexión de Taiwán, Estados Unidos y Europa han realizado inversiones récord de varios cientos de miles de millones de dólares en semiconductores. Con la empresa Tata, India también se embarca en la carrera de los semiconductores y espera abrirse camino en un mercado oligopolístico casi bipolar donde Estados Unidos y China aún compiten.

¿La industria de los semiconductores en el centro de los intereses europeos?

La dependencia europea de Asia es preocupante porque solo el 8% de los semiconductores del mundo se producen aquí. Hasta la fecha, ninguna industria europea produce semiconductores de menos de 22 nm. Esto ha llevado a las autoridades europeas a establecer el plan de la Ley Europea de Chips, que prevé inversiones de 30.000 millones de euros para 2030. La ambición de este plan es alcanzar el 20% de la producción mundial, algo que está por ver si es verdaderamente realista.

Guerra en Ucrania: ¿impacto en los semiconductores?

La invasión de Ucrania por parte de Rusia amenaza con aumentar la escasez mundial de chips en la medida en que Ucrania suministra casi todo el neón utilizado en la fabricación de semiconductores, alrededor del 90%.

En cuanto a Rusia, también cuenta con grandes reservas de paladio, un metal precioso utilizado en la fabricación de ciertos componentes electrónicos. Sin embargo, hasta ahora Rusia ha suplido el 35% de las necesidades estadounidenses.

Desde el comienzo de la guerra, las sanciones internacionales se han multiplicado para doblegar a Rusia. Sanciones que están destinadas a sofocar los envíos a la defensa y otros compradores aeroespaciales y marítimos de alta tecnología, pero no para bloquear los envíos de productos electrónicos de consumo. Al no producir productos electrónicos de consumo y chips en grandes cantidades, Rusia también depende mucho de sus importaciones de semiconductores de alta gama.

Intel ha afirmado que al cumplir con todas las regulaciones y sanciones de exportación aplicables piensa controlar sus exportaciones a Rusia. Y aunque está estudiando el cumplimiento en términos de la ley, el gigante TSMC ha emprendido acciones contra terceros que se sabe que suministran productos a Rusia. Esta participación en las sanciones es particularmente dañina para Rusia porque TSMC ya no envía allí ningún semiconductor de los que utiliza en el diseño de sus propios componentes.

La situación, lejos de mejorar, se ha vuelto más impredecible con la guerra en Ucrania y el panorama de oferta de semiconductores, pasada ya casi la crisis sanitaria, continúa siendo una incógnita a pesar de las necesidades no cubiertas que continúan incrementándose.

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